El paro no para (o no debería)

Foto tomada por Luis Carlos Ayala

Imagen capturada por Luis Carlos Ayala

Luego de una conversación sobre el tema, me surgieron las ideas que expongo en este escrito. Se trata de una propuesta para el debate sobre lo que debería venir para el país después de la victoria popular de estos días. Por tratarse de un tema que está sucediendo y del que, por lo tanto, no puede decirse mucho (aunque pueda decirse algo) se requiere la mayor honradez y humildad posibles. En ese sentido, está sujeto a dialogar con las eventuales respuestas que se den por quienes lo lean.

Desde el pasado 28 de abril de 2021, Colombia se encuentra en paro nacional. El motivo: la lesiva y abusiva reforma tributaria presentada por el actual gobierno de ultraderecha y uribista. Después de intensas, emotivas y espontáneas manifestaciones a lo largo y ancho del país durante los primeros cinco días, el (sub)presidente se vio obligado a informar que retiraría el proyecto de reforma. No obstante, también indicó que la tributaria era necesaria (algo que nadie desconoce) y que se presentaría un nuevo proyecto que, supuestamente, recogería el ‘consenso’ de los partidos.

No son pocas las personas que se han preguntado por el futuro inmediato del paro nacional luego del reversazo del gobierno. Que si continúa o no, que si vale la pena o no, que si se puede lograr algo más o no, etc. Mi propósito es arrojar un par de tesis sobre esas preguntas. Adelanto: el paro nacional debería seguir y tiene mucho por lo que luchar aún, siempre y cuando se organice.

El anuncio presidencial ha llegado demasiado tarde. Desde antes que se iniciara el paro, varios sectores sociales, políticos, culturales y económicos venían insistiendo en que el gobierno se abstuviera de presentar el proyecto de reforma tal y como estaba. Sin embargo, con el apoyo y venia del líder de su partido, Duque presentó el documento, no sin antes darse el lujo de ponerle un nombre lo suficientemente confuso, para tratar de distraer la atención y que no se pensara que se trataba de una nueva reforma tributaria. Ante la sordera gobiernista, empezaron las convocatorias a concentraciones y protestas en el país.

Tras una primera jornada de movilización bastante exitosa, el gobierno nacional optó por la represión y no escuchó a la ciudadanía movilizada. La noticia del retiro del proyecto llegó al comenzar el quinto día de las movilizaciones. Pero no es esa cifra lo que importa. Lo que hay que señalar es que, debido a la desidia del gobierno nacional y de buena parte de los gobiernos locales, la fuerza pública y su ya tradicional y acostumbrado actuar tuvieron resultados aterradores: al menos 21 personas fueron víctimas de violencia homicida, 18 resultaron con graves lesiones en sus ojos, 10 fueron víctimas de violencia sexual, hubo 42 agresiones a personas defensoras de derechos humanos, se registraron 672 detenciones arbitrarias, cerca de 1000 casos de violencia policial[1], entre otros hechos repudiables. Todas esas víctimas pudieron evitarse si el gobierno y su partido hubiesen escuchado la advertencia que les hacía el pueblo en las calles. Por esa sola razón, el paro debería continuar.

Otra razón, por la cual no debería parar el paro, es la ausencia de garantías sobre el futuro proyecto que prometió presentar el gobierno. Como se dijo, desde la presidencia y el Ministerio de Hacienda pretenden hacer una nueva propuesta que buscaría recoger un ‘consenso’. Desafortunadamente, el sector popular que se ha estado movilizando no cuenta con ninguna garantía real[2] de que se incluyan en el proyecto el articulado referido a, por ejemplo, el impuesto a las bebidas azucaradas o la eliminación de ciertas exenciones tributarias a megáricos y empresas extranjeras. Propuestas que permitirían tocar el bolsillo de quienes no han perdido en esta crisis socioeconómica. En ese sentido, al pueblo no le queda de otra que seguir en las calles hasta que se tenga un seguro real sobre ese nuevo proyecto, en el que deberían participar activamente las organizaciones sociales, sindicales, gremiales, entre otras, que han venido movilizándose.

Se podría objetar que no hay nada que garantice que la mencionada reforma se haga con atención a las necesidades populares. Y yo estoy parcialmente de acuerdo. Parcialmente, y esta es otra razón para que continúe el paro, porque una buena garantía sería que el actual gobierno no presentara el proyecto de reforma, sino que lo hiciera uno nuevo. Es decir, el paro debería continuar con la consigna de la renuncia del actual gobierno en su conjunto (incluidas todas las carteras ministeriales y la vicepresidencia). No es suficiente con la renuncia del ministro Carrasquilla y su viceministro ¡que se vayan todos!

Adicionalmente, para que el vacío que podría dejar esa renuncia no sea cooptado por las oportunistas fuerzas divisionistas (Fajardo y Cia) o de ultraderecha (no en vano el expresidiario expresidente y sus hijos han salido a presentarse como los salvadores del desastre que han provocado), otra bandera del actual paro podría ser que se adelanten las elecciones a la presidencia y al congreso. Sí, tal y como sucedió en Perú. De lograrse, Colombia podría estar eligiendo en agosto de este año al equipo que podría coordinar la construcción del proyecto de esa y otras reformas indispensables, a la par que renueva la presencia en el Congreso de la República para su aprobación.

Quisiera señalar algo más sobre el anterior punto. En mi lectura, el movimiento social que se ha tomado las calles del país durante estos días encuentra sus raíces y recoge el acumulado de los sucesivos paros y levantamientos gremiales o sectoriales que hemos vivido en la última década. Los paros estudiantiles del 2011 y el 2018, el paro campesino del 2013, la inmensa movilización en favor del acuerdo con las FARC del 2016, el paro nacional del 2019, la insurrección popular de septiembre de 2020 y la minga indígena del año pasado son algunas expresiones que han ido abonando el terreno para la huelga general que podría vivir el país. Esa lectura cobra mayor fuerza si se analiza en conjunto con las movilizaciones mundiales que se vivieron en el 2019 y con las victorias populares que se han obtenido desde ese año en la región latinoamericana.

Por eso mi propuesta de continuar el paro con la bandera general de exigir la renuncia del actual equipo de gobierno y de convocar a unas elecciones anticipadas. Esta efervescencia masiva y popular debe impactar lo más pronto posible las instituciones políticas. El mejor resultado que podríamos esperar en las actuales condiciones del sistema económico y social, es que se eleve el grado de representatividad de los sectores sociales democráticos en las instancias de decisión y gestión de la política pública del país, así como en el máximo órgano legislativo. De lo contrario, el paro puede atomizarse en luchas y banderas que podrían acabar con su energía movilizadora y, quién sabe, suspendiéndola hasta dentro de otros 40 o 50 años más[3].

[1] Cifras de acuerdo con los reportes de la fundación Temblores ONG y la Campaña Defender la Libertad: un asunto de todas.

[2] No basta acá la buena fe que, de hecho, la tiene embolatada la rancia derecha del país que ha incumplido sistemática e históricamente sus acuerdos con los diferentes sectores sociales.

[3] En referencia a la insurrección popular de 1948 y del paro cívico de 1977, que son las expresiones más cercanas a lo que podríamos vivir en estos momentos.

Nicolás Tamayo Leal

Ha realizado estudios en derecho en la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca y en teoría del Estado, gobierno y democracia en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales – Clacso. Igualmente ha trabajado para la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz y la Comisión Colombiana de Juristas. Es cofundador de Sentipensar y actualmente se desempeña como investigador. Sus áreas de interés son la justicia constitucional, la teoría del Estado y la filosofía política y latinoamericana.

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